Yayoi Kusama se alejó del mundo mientras sus obras alcanzaban cifras récord
La artista japonesa murió a los 97 años después de una última década marcada por el aislamiento y una producción artística cada vez más valiosa. Una de sus pinturas llegó a venderse por US$10,5 millones y su obra también se convirtió en un fenómeno comercial global.
Durante sus últimos años, Yayoi Kusama se convirtió en una paradoja del mundo del arte: mientras reducía cada vez más su contacto con el público, su nombre alcanzaba una dimensión global y sus obras se cotizaban por millones.
La artista japonesa murió a los 97 años. Para entonces, una de sus pinturas abstractas había alcanzado los US$10,5 millones en una subasta, mientras que sus característicos lunares aparecían en productos de lujo, exposiciones y campañas internacionales.
En 2023, su colaboración con Louis Vuitton llevó su universo visual a bolsos, prendas y objetos exclusivos. La marca incluso creó una versión robótica de Kusama para una campaña publicitaria.
Pero detrás de esa enorme exposición comercial había una artista que llevaba años alejándose del mundo.
UNA ARTISTA CADA VEZ MÁS AUSENTE
Una de sus últimas apariciones públicas ocurrió en 2017, durante la inauguración del museo que lleva su nombre en Tokio.
Dos años después, personas cercanas comenzaron a notar un cambio. Kusama dejó de recibir a buena parte de quienes habitualmente la visitaban y también dejó de asistir a numerosas exposiciones internacionales dedicadas a su trabajo.
Su estudio, sin embargo, continuó produciendo.
Con ayuda de un equipo de asistentes, Kusama siguió desarrollando pinturas y esculturas desde los espacios donde permanecía recluida. Su fundación sostiene que ella realizaba bocetos y modelos, supervisaba la producción y aprobaba las esculturas terminadas.
EL ENIGMA DE LAS ÚLTIMAS OBRAS
Esa dinámica generó preguntas dentro del mercado del arte.
En 2024 apareció una nueva escultura de una de sus famosas calabazas en el museo de Tokio. Estaba firmada y fechada por Kusama, aunque personas cercanas señalaban que por entonces pasaba gran parte del tiempo en cama y trabajaba sobre lienzos pequeños con asistencia.
El interrogante no es exclusivo de Kusama. Artistas como Jeff Koons también trabajan con grandes equipos de producción. La discusión pasa por cuánto interviene personalmente el artista en una obra realizada con asistentes y fabricantes.
La fundación de Kusama afirma que la artista supervisaba personalmente el proceso y aprobaba las piezas terminadas.
DEL ARTE A UN FENÓMENO GLOBAL
Las calabazas, los lunares y los espacios infinitos que construyó durante décadas terminaron convirtiéndose en una identidad reconocible en todo el mundo.
Su colaboración con Louis Vuitton llevó esa estética al mercado del lujo y volvió a ponerla en el centro de la cultura popular.
Pero también abrió otro debate: cuánto de esa expansión respondía a nuevas obras y cuánto a la explotación comercial de un lenguaje visual que Kusama había construido durante décadas.
Aun en sus últimos años, ella mantuvo una idea clara sobre su trabajo. En una de sus últimas entrevistas, realizada por videollamada en 2023, expresó su deseo de seguir creando obras capaces de permanecer en la historia del arte.
Y quizá esa sea la mejor síntesis de su última etapa: mientras Kusama desaparecía cada vez más de la escena pública, su obra ocupaba un espacio cada vez mayor en el mundo.
Kusama se alejó de los reflectores, pero su obra nunca había estado tan expuesta.
